A cuenta de la buena trayectoria de Athletic durante esta temporada, un amigo saco el tema sobre todos aquellos que pensaban que el equipo se iba a hundir tras la marcha de su delantero estrella Fernando Llorente, cuyas apariciones en la temporada anterior se podían contar con los dedos de la mano debido al enfrentamiento con la directiva y la grada por no querer renovar y tener intención de irse a final de temporada.
Esta entrada no esta relacionada con la buena trayectoria del Athletic durante esta temporada. Esta más bien dedicada a los sentimentalismos en el fútbol y por ello el ejemplo de Llorente es muy bueno. Un jugador que se crío en Lezama, que es ahí donde a parte de aprender a ser futbolista se hizo como persona. Y fue ahí donde adquirió el nombre que le permitió posteriormente ir con la selección y ganar un mundial.
Él en un momento dado considero que su etapa en el club había finalizado, que quería aspirar a tener un mejor salario y unas aspiraciones profesionales superiores. Cosa que cualquier ser humano se plantea conseguir a lo largo de su vida, pero desde la grada esto no se entendió. Como es típico en estos casos un gran sector de la grada le margino, se le acuso de mercenario, de traidor al club que le había dado todo. Por una parte esto se puede entender, se va el buque insignia, el niño bonito, además lo hace gratis y dejando la sensación que lo que más le importaba era el dinero pidiendo un salario desorbitado.
Toda información sobre el tema contaminada por un entorno dirigido por una directiva, que quería quedar bien ante su afición y no verse perjudicada en ningún momento. En el mundo del fútbol en muchas ocasiones se piensa que los jugadores son objetos a merced del club, que solo cuando interesa defenestralos o venderlos es cuando ya no importan y se olvida eso de que si ha crecido en el club, que si es un jugador de la cantera. En el Athletic un caso muy sonado es el de Julen Guerrero, estrella juvenil que muy pronto se convirtió en una gran promesa, cuando le llegaron ofertas el club las rechazo y él fue fiel al equipo y a la afición. Podía haber aspirado a algo mejor pero decidió quedarse donde había crecido, su estrella se apago relativamente pronto, fue perdiendo protagonismo y para la grada paso de ser la estrella a uno mas.
Al final acabo olvidado en el banquillo y por la grada, y enfrentado con la directiva en el momento de su retirada. Sí lo había dado todo por su club, rechazo ofertas mejores y con mayores aspiraciones, para acabar olvidado. Este ejemplo se puede aplicar a muchos más.
Para un jugador de fútbol esta actividad es su trabajo, una afición puede mostrar un enfado inicial cuando el jugador criado en la cantera decide irse pero luego debe entender que toda persona en su vida laboral quiere más aspiraciones, tanto de éxito profesional como alcanzar un mayor salario. Y más cuando sabes que el club con el jugador solo busca la rentabilidad y cuando de este jugador ya no se obtiene rentabilidad lo va dejar de lado sin pensar en todo lo que ha dado el jugador al club.
El fútbol desde determinadas perspectivas es más un negocio que un deporte, aunque para un aficionado cueste entenderlo. Siempre hay que pensar que el próximo jugador que salga de la cantera puede ser mejor que el anterior y que va dar más alegrías a la afición. Un club lo hacen sus aficionados que son los que siempre van a estar ahí a las duras y a las maduras, y no los jugadores que siempre tienen fecha de caducidad ya sea antes o después.